viernes, 30 de septiembre de 2016

Halloween (relato/Terror)

Fuera nutrido grupo de zagales animados por la noche de todos los muertos, aun intoxicados al ver cientos de filmes norteamericanos donde pasaban los niños y niñas cobrando impuesto tras la pregunta cebo conocida por cualquiera.
La calle presentaba el mismo confort desde sus muchas taras, angosta con fachadas ladrillo vista a ambos lados, acera escasa y luz ausente. Apreciando al final, en la esquina estacionada, una vieja furgoneta europea con sujeto liquidando pitillo en el asiento del conductor.
Mejor vamos por la avenida.Sugirió Rosa espantada por la fantasía desbordada que alumbraba peligro.
Sí, creo que será mejor. El tipo lleva gorra con ala curvada igual que los malos asesinos de las pelis de miedo. Como dice mi padre, es mejor prevenir que curar.
Sin abandonar alegría por la saca medio llena de los dulces pago cual costumbre extranjera, giraron por la vía Esperanza hasta la plaza redonda, para cruzar el jardín enano que moría a los pies de la principal, la calle más concurrida del barrio.
¿Dónde está Amelia?Preguntó el más mayor de los pequeños.
No lo sé.Contestó uno de los medianos.
Bueno, tampoco hay que preocuparse demasiado, Amelia tiene casi trece años (…) Y es Amelia.
Rieron olvidando para recordar el motivo principal de la puesta de gala con disfraces terroríficos, acudiendo al portal más cercano para capturar nuevo puñado de azúcar amagado tras papel fiesta.
Sola caminaba la pequeña hacia el vehículo con aires de inocencia aun vestida de bruja, hasta plantarse en la puerta y golpear con sus nudillos el cristal que no tardó en bajar el extraño.
Hola pequeña, ¿te has perdido? Puedo llevarte a casa si quieres. O puedo enseñarte los caramelos que guardo para los niños. ¿Quién sabe? Si te portas bien conmigo, puede que te los dé todos a ti.
Habla igual que los malos despiadados de las películas de miedo, incluso usa la misma gorra, pelo largo, le faltan dientes, lleva tatuaje y barba de días. Además, apesta a tabaco. ¿Es usted un hombre malo?
No, amiga; no haría ningún mal a nadie. Es verdad que mi aspecto anda algo olvidado, cosas de mayores. No vayas a pensar que por ser un guarro también albergo malicias. En realidad soy una especie de mago o ángel, voy pululando por los pueblos y ciudades ayudando a las almas descarriadas. Si encuentro desvalido o desvalida siempre procuro ceder aquello que más anhela, sin excepción.
¿Sabe hacer magia?
Es mi profesión, cumplir los deseos de la gente aunque parezcan imposibles. Por ejemplo; la semana pasada me tropecé con una niña de apenas siete años que me pidió ser mayor. Le dije; deseo concedido.
¿Y la convirtió en mayor?
Por supuesto, mis poderes nunca fallan. Ahora es toda una mujer en el amplio sentido de la palabra.
¿Podría convertirme a mí en mayor?
Sonrió irradiando maldad en el resplandor opaco de su mirada sin fondo, como túnel perverso que conduce al epicentro del mismísimo satanás.
¡Claro! Siempre y cuando lo desees de verdad, esto no es chasquear los dedos sin más como en las películas.
¿Qué tengo que hacer?
Sube a la furgoneta e iremos a mi casa, no está lejos de aquí. Allá guardo mis pociones y el libro sagrado donde están todos los hechizos. No me gustaría convertirte en un vejestorio de ochenta años, prefiero consultar antes de estropear tu deseo.Carcajeando falso.
Si promete bajo palabra de vida o alma que conseguirá convertirme en mayor, subiré al vehículo e iré con usted a su casa.
Si no consigo hacerte mayor pagaré con mi vida, ¿te vale?
Con su vida o con su alma, júrelo.
Lo juro por mi vida o por mi alma.
La umbría casa hacía juego con el desalmado disfrazado de cordero, suciedad reinante, restos de comida y sobre todo, ingente cantidad de envases vacíos de cerveza por doquier.
Uf! Apesta.
Es la primera impresión, seguro que pasará pronto. Vayamos a mi despacho mágico y hagamos realidad tu anhelo, ¿te parece?
Asintió llevada en volandas por conseguir por fin lo que cientos le prometieron fallando en sus intentos falaces. Amelia necesitaba como oxígeno recuperar la esperanza que andaba perdida desde que era capaz de recordar dentro de su fantasía nada preadolescente, más bien centenaria.
Ambos cruzaron el corredor hasta la última habitación donde entraron, escueto dormitorio calamidad que sólo albergaba una solitaria y maloliente cama de matrimonio con cabezal metálico.
¿Este es su despacho, un ruinoso cuarto?Entrando en razón, avizorando la amenaza.
¿Qué esperabas?
Que cumpla su palabra, sólo eso, señor.
No te preocupes, pequeña, cuando salgas de esta habitación serás toda una mujer.Quitándose la vieja cazadora vaquera para lanzarla a un rincón.Lo primero es quitarse la ropa, tengo que ver cada centímetro de tu piel para que todo crezca, no vaya a quedarse el deseo a medias.
¿Quiere que me desnude? Suena algo raro.
No sólo quiero que te desnudes, amiguita. También quiero que te tumbes en la cama con las piernas bien separadas. Entonces meteré mi barita mágica en tus huecos, todos ellos, sin excepción.Reinó tétrico silencio.Lo vamos a pasar en grande, putita.
Amelia sonrió igual que sonriera con otros tanto, volvían a engañarla buscando retorcida satisfacción enferma en su virginal cuerpo preadolescente. Bajó su capucha de bruja, dedicó mueca extraña a la par que se desnudó del todo su abusador, mostrando las ruines cartas del engaño.
Creo que lo mejor será empezar por tu culito, ponte a cuatro patas.
Llevo más años de los que pueda imaginar en este mundo, señor. Sus palabras malsonantes no me afectan, su decrépito cuerpo no me asusta. Sus intenciones me enervan. Detesto que me engañen ¿Es o no es capaz de devolverme a mi estado natural?
Agarrando su erguido pecado se acercó a la distinta niña cansado de tanta verborrea, lanzándola contra la cama para echarse encima arrancando brusco su prenda más íntima, mientras la niña lo abrazó entre risas con brazos y piernas.
Jugaremos un poquito.Soltó mofa con timbre agudo, diferente, escalofriante.Soy demasiada yegua para ti, insensato.
Alaridos irrumpieron en el habitáculo de los horrores donde demasiadas víctimas pasaron por la nefasta enfermedad del harapiento, aunque esta vez la tortura cambió de bando aliándose con la destinada a sus bajezas que le enseñó otra forma bien diferente de jugar con las carnes, olvidando el deseado orgasmo violento que buscaba el pederasta para saciar otro tipo de apetitos, entre arañazos, mordiscos y muerte…
® DadelhosPérez (La ranura de la puerta) 2016
Puedes visitar las nuevas salas de LA RANURA DE LA PUERTA
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jueves, 29 de septiembre de 2016

El SUERTUDO (relato/bélico)

El SUERTUDO  (relato/bélico)

“Cuento los segundos mientras pasan rasantes las certeras, he llegado a acostumbrarme a la diablura del único diablo que habita en el mundo. Las descargas de los morteros, las minas antipersona, los francotiradores y un largo etcétera de atrocidades que vanaglorian la realidad de lo que somos.
Pero sé que pertenezco a ese mal que erosiona lo que debiera ser un plácido paraíso que al parecer sólo hallaré cuando me toque la china, entrando en cualquier otro plano ajeno a este.”
¡Compañía, prepárense para la carga!
“Hoy es un día especial que quedará grabado en mi retina para los restos. Es posible que sea un insensato que no huye de las balas, las busque. Porque cuando el capitán solicitó voluntarios para romper la rocosa línea del enemigo, no tarde segundo en plantarme orgulloso, entero, decidido (…) Estoy harto del cataclismo, cansado de seguir apuntando a iguales que corren encolerizados y caen abatidos desde la distancia, sesgo vidas, asesino asesinos, me he convertido en un ogro insaciable que desea detenerse a cualquier precio. Por eso hoy es mi día.”
¡Carguen!
“Es cuestión de estadística, mil balas contra unos cientos dejan vago margen para salir ileso.
Primero caen muchos mientras avanzo hacia la meta muerte, silban por el costado, rozan sesgando mis vestiduras (…) Puede que esté herido de muerte y no sienta el dolor, las aguijonadas, por culpa de la adrenalina…
Desploman ahora los pocos y sigo corriendo al frente, puedo ver el miedo de mis adversarios que persisten escupiendo muerte incapaz de reconocer mi vida, o simplemente desechándola, ignorándome…”
Llegó cansado hasta las trincheras enemigas sin disparar una sola vez su fusil Muescas, así lo bautizó, así lo conocía toda la tropa camarada que convivía hombro con hombro con el Suertudo.
Disparó eliminando a cinco de ellos para saltar en los adentros de la protección contraria. Agarrando fusil adversario a sabiendas de que no tenía tiempo para cargar su arma, comenzando el baile muerte contestado en todo momento por los muchos que quedaban y sin el apoyo de los nulos que alcanzaron destino.
Puede que eliminara a veinticinco asesinos preparados y dispuestos para otorgar o recibir a la parca. La cuestión es que ninguna bala atravesó sus carnes, provocando que parara en su carnicero avance comprobando lo imposible.
Se desprendió del fusil adquiriendo otro de los muchos que descansaban junto a sus propietarios inertes, monto cerrojo, colocó bayoneta escuchando al enemigo acercarse a su posición…
Rodilla al suelo, mirada concentrada, atento, dispuesto, deseoso de conseguir la medalla al mérito que se traducía en recibir de una vez por todas la segadora destinada, o al menos deseada desde su apatía causada por el desasosiego de vivir matando durante sus últimos tres años.
Veinte, puede que alguno más, se atrincheraron en las pilas de sacos areneros, apuntando y disparando de inmediato…
“Ojo que ve, caza la distancia”
Cayeron tres.
“Pulso perfecto, aguijona objetivo”
Otro más.
“Respiración relajada, miedo atado, sed anulada (…) Estoy harto de tanta monserga, yo no soy lo que soy pese hacer lo que hago”
Bajando la sesga vidas, quitándose el casco para mostrar su rostro derruido por las tantas masacres en las que participó, mientras el enemigo insistía sin lograr siquiera herir al rendido. Hasta que alguien ordeno alto el fuego acercándose al arrodillado ido sin dejar de apuntar con la automática.
Eres el puto diablo, no te mueres.Le soltó el sargento fideo.
No, no soy más que un jodido asesino de asesinos, como tú. Aunque la única diferencia es que cuando apunto lo hago sobre la víctima sin remordimientos, robando alientos. Dispara.
Durante parco segundo el suboficial decidió destino del rendido, la única posibilidad que vio viable, estando tan cerca y desarmado no podía errar el tiro. Para recibir la peor de las noticias cuando ordenó que lo aprehendieran pasando a formar parte del nutrido grupo de prisioneros. Algo que no le sentó nada bien, para él, toda una tragedia.
Debió alegrarse, salvó la vida en el centro del averno. ¡Menuda suerte!
Es lo que pensaron todos, sobre todo al terminar la gran guerra. Lo liberaron convirtiéndose en una auténtica leyenda, en pocas palabras, pasando de nuevo por otro dantesco infierno aunque bien diferente.
¿Qué fue de él?
El Suertudo siempre fue dueño y señor de su destino, inalcanzable, intocable, con extraño sino que lo acompañó hasta su último segundo. Se ahorcó en el tétrico apartamento donde malvivía, harto de ver su cara en el reflejo del espejo, de las constantes pesadillas y de lo que él acuñaba como auténtica mala suerte. En lo más profundo no era un suertudo, más bien todo lo contrario, hijo.
¿Y cómo sabes lo del milagro cargando contra las trincheras?
Muy fácil, yo fui el suboficial que le perdonó la vida. Cosa que en ocasiones me arrepiento, actué harto de tanta barbarie, de las muertes de inocentes, los bombardeos, la jodida guerra. Decidiendo no borrar aquella existencia que se mantenía a merced, enorme error.
¿Por qué?
De todos, era el único que necesitaba esa ayuda para abandonar este mundo, aunque lo comprendí años después, cuando nos reunimos en su cuchitril recordando viejas batallas. Hay que ver como son las cosas, dos enemigos que hicieron cuanto pudieron por eliminarse convertidos en uña y carne. Supongo que son argucias del destino. Lo único que puedo decir sobre él, es que adquirió un papel que no le correspondía, de eso no tengo la más mínima duda. Su vida pudo haber iluminado a miles y se desperdició asesinando a cientos.
® DadelhosPérez (LA RANURA DE LA PUERTA) 2016
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La cena (Micro/rareza)

Puedo buscar en la consciencia su adversa nada oculta, pues pasos diera en volandas del instinto, su hermano pequeño.
Puedo componer mil odas, disecar océanos de lágrimas para llenarlos de espera, pues la esperanza versa desde el anhelo que marcha y se acerca, cual mofa frente al espejo que te mira y observas.
Puedo poder aun imposibilitado, cruzar los lagos de la celeste bóveda, anclar mis pasos junto a estrellas, llorar alegría apenado, y feliz, reír las penas…
Puedo, quiero, alcanzo y resbalo. Este juego del humano que doblega o endereza. Acunando melodías donde nada se alberga para postrar la esperanza en el tocón de la distancia decapitando mi espera, descubrirte en mi regazo o en la mesa… Abrazarte en el anhelo, diseñarte ensoñado o despertarme… O despertarme… O despertarme… O despertar en certidumbre gélida harto de…
Tantas cosas puedo y de todas las posibles sólo una me resta. Descubrir los universos fulgurantes de millones de estrellas en la mirada desconocida de dama distinta cual compás del recuerdo, a las puertas del cielo y con el carro repleto… Cumpliendo el deseo de…”
¿Quién es?
Un vagabundo que trajeron los servicios sociales. Lleva internado más de diez años, es el papá del hospital.
¡¡¡Tantas cosas puedo y de todas las posibles, sólo una me resta!!!
Es un buen poeta pero no entiendo, ¿a qué se refiere?
Tranquila, es inofensivo. Sólo quiere la cena, nada más.
“Tantas cosas puedo y de todas las posibles, sólo una me resta… La cena.”

®Dadelhos Pérez (La ranura de la puerta) 2016
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Mi verdadero rostro (micro/suspense)

Nubes algodón moteando el cielo agraciado, pues el sol dominaba en época baja debido a las temperaturas regentes, cambiando la mala cara que llevaba mostrando durante toda la semana, asolada por lluvia incesante y ráfagas eventuales de ventisca hielo. Puede que eso le motivara para por fin hacer aquello que tanto le insistía su esposa, limpiar el desván.
La vieja casa de su abuelo ubicada en posición privilegiada allá en la plaza del pueblo, llevaba bajo atareada reforma desde que la heredó, adecuando en primer lugar la zona habitable, el jardín, las vallas de madera, hasta quedarse sin presupuesto y dejar el desván en la cola de las cosas pendientes. Siendo aquella mañana de sol inesperado y cielo casi despejado el momento perfecto.
Estrecha escalera que ascendía al olvido naciendo a los pies de la habitación principal del primer piso, para morir frente a puerta ancestral aún maqueada con pintura blanca, neutra, sin brillo. Plantarse anverso a ella le trajo viejos recuerdos de cuando sólo era un zagal jugueteando por la casa mientras los mayores tomaban café en el salón.
Aún recuerdo las pesadillas.Musitó nervioso.
Agarró el pomo hojalata tuneado en bronce brillante girando leve y empujando suave, abriendo las panzas anegadas por muebles viejos, variopintas cajas y el horrendo baúl de tono verdoso que descansaba donde siempre, en lo más profundo de aquella garganta de recuerdos.
Cinco pasos para llegar al epicentro de la vida que fuera de sus ancestros, descubriendo los viejos cuadros que pintaba su abuela, aficionada que bien pudo dedicarse profesionalmente con aquellas trazas realistas que fotografiaba sobre el lienzo. El triciclo que compartió con su hermano mayor anidado por telarañas densas, viejas, y una larga ristra de objetos atados a su infancia. Sobre todo el maldito baúl de las pesadillas que nunca se atrevió abrir por los cuentos funestos que le contaron, tildados por horrendo monstruo psicópata dedicado a coleccionar almas, su alimento…
Tiempo…Resonó en la nada o al menos creyó escuchar.Tiempo hace que no vienes a verme, desde aquella tarde, ¿te acuerdas?
Pálido aun no huyendo despavorido como haría cualquiera en su lugar, se acercó al verdoso a paso tímido para acuclillarse observando el viejo candado que aseguraba sus adentros.
Nunca fuiste capaz de tomar en consideración, siempre vagaste por tus mundos perfectos en el interfecto innato. No puedes olvidar lo inolvidable, tu esencia, tu egoísmo, tu verdad…
Nada de lo que digas hará que caiga de nuevo en tus intenciones. Aquello fue un accidente, un fatídico accidente.
Tu bautismo, no puedes negar lo que eres. Tengo hambre, tengo sed, ayúdame, por favor.
Solo eres imaginación, nada más. Conseguí silenciarte durante décadas.
Tengo hambre…
El viejo candado se abrió por arte de magia dejando chasquido metálico que invadió el ambiente sin afectar en demasía al cuarentón. Eco rotundo que murió aletargado en distancias cortas, casi pegadas a su ánima imperturbable. Vieja canción de cuna que conocía desde sus primeros albores y pretendió silenciar en el nuevo amanecer falaz.
― ¡Tengo hambre!
― ¡Cállate de una puta vez!
Se abrió repentino como si fuera boca famélica esperando carnaza alimento sin sorprender al acuclillado que cambió rotundo su gesto, inexpresivo, alejado del gentil caballero que se ofrecía para ayudar a cualquiera, rezaba en el culto cada domingo junto a su familia en primera fila, dedicaba varias horas a la semana al comedor social y participaba en las diferentes actividades propuestas por el ayuntamiento. Era un ciudadano ejemplar, un modelo a seguir, o una estafa bien urdida que todo el mundo creyó a pies puntillas, tanto, que incluso él se convenció agarrado a esa postal ilusoria para hacerla propia aun siendo impía.
No regresaré a las andadas.
Nunca las abandonaste.
¡¡¡Mientes!!!Gritó enervado alertando a su mujer que limpiaba el dormitorio principal.
¿Carlos, estás bien?A pies de la escalinata del destino.
La cutre puerta se cerró lentamente ante la mirada de la fémina preocupada tras escuchar el alarido de su esposo. Subió las escaleras sin mostrar ninguna sospecha para agarrar el pomo lacado de simplón bronce, girando sin lograr vencer la extraña resistencia del metal ruinoso para aporrear la puerta aterrizando en cierto alarmismo.
¡Carlos! Cariño, ¿estás bien?
Siempre acuden, son inocentes víctimas de su propia confianza, tu hermano hizo lo propio aquella tarde…En tono siniestro brotó del viejo baúl.Tengo hambre, tengo hambre (…) ¡¡¡Tengo hambre!!!
¡Carlos! ¡Abre la puerta! ¡Carlos! ¡Carlos!
Cien kilómetros recorridos en un instante, mil deseos vanos, las tremendas mermadas tras máscara que enseña pretensión desmedida desde alma víctima de su verdugo (…) él mismo.
Sonaron los pasos del regreso que la mujer escuchó aterrizando entre calmas, para ver como giraba el viejo pomo abriéndose la abatible y descubrir a su marido con faz angelical aun con sonrisa extravagante.
Carlos: ¿estás bien? ¿Por qué gritas? ¿Qué te ha pasado?
Bajó leve su mirada al suelo apartándose a un lado del marco para que su mujer pudiera ver los adentros del desván, el baúl abierto en perfecta representación de su verdadera naturaleza, su verdadero rostro, igual que descubriera su hermano mayor en su primer acto, su prueba de fuego, su bautismo. Para invitarla a pasar con el pretexto de que había encontrado una vieja reliquia familiar.
Te encuentro extraño, ¿de verdad que estás bien?
Sí, mejor que nunca. Puede que necesite un ligero tentempié, la barriga anda quejándose desde hace milenios.Bromeó insistiendo en que pasara.Pero antes de bajar me gustaría que vieses algo, es muy especial, creí que nunca jamás volvería a verlo. Pero así de caprichoso es el destino. ¿Verdad?
No hay peor silencio que el absoluto, sobre todo si no lo has experimentado antes. Sus efectos son inmediatos cambiando gesto y congelando alma. Cosa que padeció de inmediato la atractiva de cabello ébano cuando cerró su marido la puerta de la maldición, dejando de nuevo ese tremendo eco metálico anunciador del último segundo en el mundo de los vivos.
Él permanecía a sus espaldas mientras ella ojeaba inquieta la escena del baúl que horrorizaba gracias a las múltiples sombras…
¿Qué has encontrado?Dándose la vuelta, entre sudores repentinos, con nudo en garganta, sospechando la verdad que dormía a su lado desde los desde.
Mi verdadero rostro.
Reinó de nuevo el delirio arrancando vida de ser cercano, lento, en tortura interminable aun sin dejar marca alguna en su perfecto cuerpo, igual que hiciera con su hermano, igual que hiciera con sus padres, igual que hiciera con incontables adolescentes en el cobijo de la noche (…) Alimentándose del padecimiento ajeno cual niño con juguete nuevo y finiquitar su maligna obra precipitando el cuerpo de su esposa al vacío, a través del viejo ventanuco por donde lanzó décadas atrás a su hermano.
Esta vez nos cogerán.
Eso no nos quita lo experimentado.Aclaró la macabra voz procedente del satánico cofre.Tienes una salida para salir indemne.
Caminó hacia la ventana sin borrar aquella sonrisa perversa, arrojándose al vacío al son que se cerraba el fatídico verdoso, volviendo su candado al sitio para cerrarse por arte de magia… La voz silencio a la espera de que otro desequilibrado se acercara a sus dominios y le procurara nuevas almas, como hizo y hace desde los albores de la humanidad.
® DadelhosPérez (LA RANURA DE LA PUERTA) 2016
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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Un par de segundos (Micro/género negro)


― ¿Conoce usted al señor Sergio González?
―De la misma forma que sé quién es el generalísimo, señor comisario.
Permanecía en su sillón, prepotente, respirando poder cual intocable que decide quien vive y quien muere. Los tiempos de luz terminaron mucho antes de que aconteciera la guerra, anegando la vida de demasiados mártires que jamás serán recordados sin importar lo más mínimo sus ideales, la pulcritud de sus vidas. Todo radica en la decisión de unos pocos que van marcando al personal según les conviene. Él solo es instrumento destinado a culminar un segundo de justicia dentro de siglo despótico.
―Tengo una denuncia que afirma su colaboración con el líder sindicalista, no hace falta que se la lea, ¿verdad?
―Si le apetece leer (…) La lectura es un bien poco valorado hoy en día. Claro que les interesa que siga en el olvido, es mucho mejor dictar que es bueno y qué no lo es. Puede hacer lo que le plazca, comisario. No tengo nada que ver con su fantástico mundo caza ogros rojos, masones peligrosos y toda esa publicidad falaz que el nuevo régimen pretende hacer tragar al populacho. Usted es uno más, insignificante que se cree imprescindible en la tétrica obra teatral del que dice ser salvador de la civilización. Eso sí, aniquilándola.
―Creo que no hace falta que hables mucho más, supongo que estás deseoso de abandonar este mundo. No te preocupes, pronto lo dejarás. Admiro a los rojos que aun sabiendo del peligro se reafirman sin tapujos, si todos actuaran como usted no me vería obligado a sonsacarles la respuesta.
― ¿Sonsacarles la respuesta? Yo diría que más bien los obligan a que suelten lo que ustedes desean, son investigadores de élite que no les importa para nada la verdad. Aunque lo comprendo, comenzaron el levantamiento con el himno de riego y vitoreando a la república, para terminar como terminaron.
― ¡Vaya! Vuelvo a repetirme, ojalá todos los que se sientan en esa silla obraran como usted. Creo que nuestra pequeña charla ha terminado, le espera un dulce calvario. Pero le aseguro que acabará en el paredón como todos los rojos de su calaña.
―En eso se equivoca, señor comisario. Mi destino está en este despacho, entre estas cuatro paredes.
Apoyó codos mostrando mueca divertida, alejado de cualquier peligro, entre mofas. ¿Qué podía hacer aquel mentecato vestido con harapos y escuálido, fideo?
― ¿Y cuál es ese destino? ¿Vas a comenzar una guerra? ¿Destronar al caudillo?
―No sea ingenuo (…) estoy en la panza de la comandancia, rodeado de armados afines a usted, al régimen. Sería un suicidio que nada otorgaría más que la muerte.
―Un poco de lucidez no le viene mal.
―Sin embargo, todos esos que mencioné no están en este despacho. Aquí solo estamos nosotros.
―Empiezo a valorar la posibilidad de perdonarle la vida para que sea mi payaso chistoso.
―Un par de segundos, no más.
― ¿Cómo?
Pese a estar engrilletado, agarró la estilográfica que descansaba sobre la mesa para saltar contra el engalanado comisario, el cual, sorprendido, retrocedió arrastrando su cómodo sillón a la par que echó mano de su arma reglamentaria gritando enervado, o más bien, anegado por el miedo…
Hincó la punta de la elitista pluma en el cuello del mandatario sin que este pudiera hacer más que agarrar las manos de su inesperado verdugo…
―Le dije que mi destino está entre estas cuatro paredes, comisario. Su afición por torturar, violar y asesinar la ocupará otro, puede que más sádico.―Golpearon a la puerta varias veces solicitando permiso para entrar.―Pero no será usted, vil asesino. Esto es de parte de mi hija, cabrón.
Entraron, cómo no, fulminando al maniatado con certeras impactando en todo su cuerpo. Deteniéndose a cambiar cargador, montar la automática, caminar hacia el inerte reo y disparar en la sien del ya liquidado…
La crueldad siempre siembra crueldad, ni con verdades rotundas, ni con las medias se debe sembrar violencia pues de hacerlo, no se puede esperar otra cosa más que lo mismo.
®DadelhosPérez (LA RANURA DE LA PUERTA) 2016
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martes, 27 de septiembre de 2016

Olvido, olvidado (micro/drama)


Llegó cuando el sol marcaba mediodía, como siempre, sacando de su bolsillo el viejo pañuelo a juego con su carrocería. Para extenderlo cual mantel de cena navideña, sentándose con la paciencia del impaciente convencido, que la adoptó tras experiencia que marca su piel cual tara falsa pues es medalla existencia.
Lectura grata y compañía perfecta en el pulmón de la ciudad verde esperanza, aunque en su bolsillo solo resta la espera. Por eso reza la vieja alabanza que comienza la historia repetida, soltando el “erase una vez” cual bautismo del arrimado al último sacramento, respirando vida, la poca, la más intensa pese a desposeer jovial energía. Pensamiento fijado en lo importante que muestra ignorancia, al son que musita la letra del libro anciano, las rimas del enamorado, los lloros de las pérdidas, la aceptación plena y…
El amor es trampa para el solitario, igual que la soledad es el infierno del enamorado.Sonara entre el viento.
Los motivos acucian provocando los momentos, o puede que estos últimos concedan los primeros. La cuestión es padecer unos y otros con indiferencia de su orden.Musitara abstraído.
¿Echarás algo en falta?
Aquí sólo me quedan soledades anegadas por recuerdos. Allá recuerdos que me recuerdan, mejor ser parte de la brisa que piedra olvidada.
¿Y si tras mi beso no existe nada?
Al menos está tu beso que es mucho más...
Dibujase sonrisa dominado por nervios típicos de adolescencia, cuando ella, la eterna de negro, la del luto y lloro, diosa del drama; acariciara sus taras con cariño besando mejilla, liberando alma, arrebatando vida.
El final lo alcanzó décadas atrás, víctima de la tediosa soledad combatida desde el recuerdo, con sus paseos en el parque, lectura en banco, olvido olvidado. Olvido funesto que contempla digno el abrazo gélido aun cariño dedicado, al sentir contacto ajeno pese a ser de la Parca.
La novela que leía todos los días desde el solitario banco, el diario de su amada que lo esperaba al otro lado del olvido, del olvido olvidado.
®Dadelhos Pérez (La ranura de la puerta) 2016
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lunes, 26 de septiembre de 2016

La ranura de la puerta se renueva


Dadelhos Pérez sigue al frente, yo mísmo, es lo único que no cambia. Sin embargo crecen los colaboradores con el afán de abrirnos a más géneros (no solo el literario) para crear un punto de entretenimiento óptimo para cualquiera.
Ya te habrás dado cuenta de las nuevas salas:
Cine (todos los días una película entera y en español, buscamos los mejores enlaces valorando la calidad de la cinta, sonido e imagen, y la ponemos a disposición de todo aquel que quiera visionarla)
Documentales (de todos los géneros, en español y completos. Una muy buena alternativa para ver cine y aprender. Todos los días dispondrás de un documental, enlace, tras pasar nuestros filtros de calidad, sonido e imagen.)
Música (Desde conciertos enteros de los más grandes hasta temas sueltos de todos los estilos. Una gozada para los y las amantes del buen sonido)
Misterio (Documentales específicos, escogidos bajo la misma política que los filmes. Una opción perfecta para los amantes de las ciencias ocultas)
Monólogos (Los mejores humoristas en habla hispana de todos los tiempos, para echar unas buenas risas)
Lucha Libre (desde combates enteros de todas las ligas presentes y pasadas, hasta resúmenes de combates contemporáneos. Sala nacida a petición popular)
Literatura (Hay muchos escritores/as de buena calidad en el mundo, conocidos o no. Pero puedo asegurarte que descubrir las pequeñas obras de Dadelhos Pérez es mágico, me vendo bien, ¿Eh?. Aunque dentro de poco también podrás leer composiciones de los nuevos colaboradores/as de LA RANURA DE LA PUERTA) Como dije, estamos creciendo.

LA RANURA DE LA PUERTA toma nuevo rumbo, te esperamos.
Puedes adquirir nuestro libro benéfico pinchando aquí. Toda la recaudación está destinada a Cáritas diocesana Valencia. El precio real es 3,55€, disculpa la errata y gracias por visitarnos.

TABLAS (Micro/género negro)

―Lo intentaste, eso está bien. Al fin y al cabo la vida es constante consecución de tentativas que sólo traen espejismos de logros. Si consigues ligar con la monada del barrio, luego hay que lograr buena convivencia para vencer el aburrimiento y aterrizar en la indiferencia, ¿verdad?
Se sentó tras encender pitillo ordenando con gesto prepotente a sus gorilas que los dejaran solos, tamboreando sobre el barril que ejercía de improvisada mesa su encendedor plateado sin apartar avizoro del desgraciado, el cual, permanecía maniatado enfrente, con la cabeza hundida en la desesperación y la cara desfigurada tras las caricias de los recién marchados.
― ¿De verdad pensabas que resultaría sencillo?
Levantó mirada después de escupir saliva mezclada con savia vida y algún que otro pedazo de diente, esgrimiendo extraña sonrisa que contagió al elegante capo mafioso.
―No hay nada sencillo, ni siquiera lo que vas a culminar lo es. Pero: ¿Qué sería del día a día sin arriesgada apuesta?
―Verás, Cachorro. Admiro profundamente aquellos que sin medios ni contactos se arrojan al vacío, al ser preferible a consumirse en la indigencia. Aunque la torpeza de no escoger bien el lugar no te deja muy bien parado. Podías haber dado el palo en cualquier otro establecimiento, el de los chinos, por ejemplo. Pero tuviste que meter las narices en nuestros negocios. No se atraca a la mafia, pipiolo, las consecuencias siempre son dramáticas.
―La mafia, la mafia… ¿Quiénes son la mafia?―Sin desalojar extraña mueca.―Ah, sí, un grupo de colegas que han visto pelis de matones, ¿verdad? Sois soñadores con armas aun desalmados jugando como juegan los niños en el recreo. Metéis las manos aquí y allá eliminando cualquier competencia para acabar acomodados en el escaño más alto, siempre según vuestra fe, claro está.
―Tienes cojones, nunca había escuchado tanta valentía tras recibir el trato que has recibido. Por norma, deberías estar pidiendo clemencia, intentando salvar el pellejo.
―No todo sale como uno cree, amigo. Además, como solía decir mi viejo, incluso cuando parece que el rey contrario está sentenciado al jaque mate, brota la posibilidad del perdedor por jugar parcos movimientos en pro de las tablas.
―Aquí no cabe esa posibilidad, el final de la partida está en mis manos, me toca mover ficha.―Enseñando hierro.―Tan sólo quería conocerte algo más, suelo hacerlo con aquellos que me sorprenden. Y sinceramente, desde que entraste con el pasamontañas en el restaurante a grito pelado, la curiosidad me ganó. Hay que tenerlos bien gordos para hacer lo que has intentado, muchacho. Igual que plantarte frente a un ejército bien pertrechado y en campo abierto con una ridícula navaja… Te dejo la posibilidad de decir la última palabra, seguiría charlando contigo pero soy un hombre ocupado. Así que si tienes algo que decir, este es el único momento, el último de tu aventura.
―Ja! Has visto demasiadas películas del padrino, amigo. Te doy una oportunidad antes de sacar mi as de la manga. ¿De verdad crees que vine para atracar este tugurio?
La escena pintaba mal para el cachorro sentenciado que soltó aquella ridiculez viendo lo visto. Sin embargo causó efecto inmediato en el engalanado capo que no tardó en acercar su cara a la del maltratado sin dejar de sonreír, tras abandonar su asiento.
La vida siembra sorpresas que no lo son tanto si se vive fuera de la comodidad, de ahí la invención de la televisión o el auge del fútbol, amansando a la muchedumbre que se obstina defendiendo colores, riendo de las bobadas de la pequeña pantalla y un largo etcétera que los esteriliza.
El cachorro propinó cabezazo repentino impactando en el tabique nasal del poderoso que se desplomó en el suelo, sangrando, aturdido, sorprendido.
―Jaque al rey.―Musitó levantándose con la silla a cuestas.―Se acabó la partida.
Usó las patas del asiento como punta de lanza que impactó en el cuello del bien vestido, sin poder evitar que le disparara varias veces.
Las tablas se impusieron pese a pintar victoria asegurada, pues el capo sucumbió tras la letal pata de madera que atravesó su garganta, y el cachorro pereció víctima de los disparos (…) Durante más de media hora nadie entró en el viejo almacén del conocido restaurante al no sorprenderse por las detonaciones…
®Dadelhos Pérez (La ranura de la puerta) 2016
Puedes acceder a las nuevas salas de La ranura de la puerta

LA RANURA DE LA PUERTA se reinventa.

Precio erróneo, 3,55€, mil disculpas.

sábado, 24 de septiembre de 2016

107 Cartuchos


Despertó entre ansiedades que desde siempre fueron dueñas de su destino, supongo que es el resultado evidente de quien abraza vida desviviéndose por esas pequeñas cosas que obran todo lo contrario, alejándonos de lo importante.
La insistencia de la máquina de hojalata tintinando irritante pitido intermitente, contribuyó al nefasto albear en la habitación de alquiler que aun adeudaba por su triunfalismo de creer poder, para aterrizar derrotado en el “quizás mañana”. A la postre, sin más que menos o enganchado del todo al menos de cara a la nada; la vida seguía trayecto sin esperar glorias o tormentos, como solía decir su madre cuando era un vital mozalbete empeñado en respirar incluso hasta lo irrespirable, por culpa de su desmedida curiosidad.
Confieso que aquel habitáculo carecía de lo mínimo, y encima, su bravura frente a la limpieza se traducía en parada brusca de burro que tropieza con charco. Ropas esparcidas cual elemento vital de cualquier lienzo del gran Picasso. Restos de comida rápida que se podría lenta, colillas charlando milenios en la nula soledad del piso abarrotado, ese de gres con color indeterminado y abandono absoluto…
¿Qué es lo de siempre? Para él, entrar esquivando la pila de trastos que invaden las cercanías del baño, encarar el lavabo en horas bajas e intentar afeitarse sin cortar piel, una misión imposible a no ser que dejara el bajo oreja sin afeitar, a la altura inferior de la mandíbula, su talón de Aquiles. Pero al igual que la rutina se repite, el desuso florece impávido rompiendo a su adversa aun leve, siempre y cuando el acostumbrado no desvíe su quehacer motivado por la novedad. Y aquella mañana la novedad se traducía en insignificante mosca plantada en el centro exacto del espejo. Como si el insecto se hubiese pasado media vida ejecutando medidas, complicadas ecuaciones, hasta conseguir lo que consiguió. Mera posición predeterminada a la muerte bajo la mirada de hastío o asco del escuálido arruinado…
Fuera lo que fuere llegando a lo que llegó, para acabar como acabara…
¡Puta mosca! Yo soy el responsable de la muerte de tus padres, de tus abuelos. Incluso puede que represente a la parca para toda tu insignificante descendencia. Al menos hasta que me echen de este tugurio.Enrollando una vieja revista que superaba picardías para mostrar explícitos.
El pequeño punto negro permaneció parado, petrificado, ausente ante el destino finiquito que le esperaba a manos de aquella arma de destrucción masiva, donde se podía apreciar jamona enseñando apertura, sin titubeos ni fantasía, a pelo.
Primero cerro la llave del grifo, rápido, sin importarle demasiado que su movimiento espantara al diminuto animal, para lanzar bestial acometida dejando seco estruendo que asustó a la araña que vivía en el ángulo alto de la talla manchada del aseo.
Sorprendido quedó el “aniquila insectos” cuando escuchó cerca de su oreja derecha el zumbido de su víctima. Es lo que creyó pese a existir entre aquellas cuatro paredes nutrida gama de variopintas especies similares.
¡Puta mosca!No gozaba de gran vocabulario y se repitió.Jodida mosca.
Empezara entonces el desencadenante excusado por inocente alado que naciera gracias a la dejadez del ido que nunca volvió, delimitando los escasos metros del cuarto cual coto de caza sin cuartel, sin perdón o sin la posibilidad de duelo a primera sangre.
Lanzó repetidos ataques torpes ante el movimiento constante de la mosca, la cual, posaba leve para recuperar algo de aliento y emprender de nuevo estrategia. Su actuar parecía obrar dentro del neto conocimiento sobre la tensa situación abocada al desastre.
Está claro que el alado no podía abatir al enervado armado con pornografía de los ochenta, pero dentro del ambiente parido por el desequilibrio del delgado mono pelado, cabía posibilidad para todo. Y cuando dije todo no añadí o antepuse el casi. Una simple mosca, diminuto insecto, convertido en la llave del averno.
Durante cerca de media hora uno aporreaba y la otra esquivaba en insulso combate aburrido. Idéntico a boxeo en directo de adversarios conjurados en no recibir golpe, por lo tanto, no proyectando ninguno.
¡Puta mosca!―Demostró su don de nuevo.―Si crees, tengo aquello que nublará tu creencia.
Fuera la única silla, patada al taburete para abrir el empotrado ropero cayendo sobre él cascada de ropa maloliente. Apartó las prendas ahorcadas en diferentes perchas alcanzando la metálica y los 107 cartuchos. Un regalo recibido tras el sepelio de su último familiar, junto a casa, automóvil, apartamento en la playa e ingente cantidad de cuartos en la cuenta corriente del occiso. Cosa que cambió su sino durante años, esos que le costó liquidar la herencia quedando sólo la escupe plomo al no poder venderla, ni siquiera empeñarla.
Abrió emocionado una de las cajas para llenar cualquier cavidad de su ropaje de pertrechos, hasta conseguir guardar 105 de ellos, depositando los 2 restantes en la escopeta de caza.
―Mamá decía que es inútil intentar cazar mosquitos a cañonazos. Pero no dijo nada de aniquilar moscas a escopetazos… ¡¡¡Plomo!!!
Adiós al triste colchón, el cristal de la diminuta ventana, la mesita de noche y el despertador, a la puerta de acceso a su ruina… Plantándose irracional en el medio del pasillo del motel calamidad con la plomera entre las manos, los ojos inyectados de crueldad desmedida y la ciega creencia de que la mosca huía a vuelo rasante. Cargó la escopeta una vez más.
― ¡Ramón! ¿Qué coño haces? ¿Te has vuelto loco?―Intentó mediar el bueno de Alejandro desde su entornada puerta.
―Tengo que cazar a la puta mosca.
Disparó en el pasillo, en la escalinata escueta que moría junto al mostrador de la vieja, la cual no se paró a indagar que diantres estaba pasando, se escabulló telefoneando a los uniformados. Cargó de nuevo apuntando al frente para descubrir varios agentes del orden en la calle, al otro lado del enorme cristal de la idéntica puerta.
― ¡Suelte el arma!
Visualizó concienzudo en busca del enemigo enano, resbalando sudor por sien, frente e incluso en sus manos; sin lograr encontrar al adverso.
― ¡Suelte el arma, señor!
Volvía a reinar cierta paz al creer haber consumido su objetivo, pensó que quizás en el brío de la gresca no se percató de la baja de la mosca, al fin y al cabo escapar del fuego escopeteado es casi una misión imposible.
Lento, sin apartar mirada del joven policía que le apuntaba con su reglamentaria desde el exterior, depositó la plomera en el suelo, quedando de rodillas.
―Ponga las manos en la nuca y no haga movimientos bruscos, señor.―Ordenó colándose en el establecimiento.
Mala uva, fario, o simple locura emergiendo cual volcán entre sus poros para abocarle al siniestro plan del destino, el mismo que careció en sus días y noches. Cuando vio a la enana volando pausada delante del joven nervioso que manoseó intentando espantarla…
― ¡Puta mosca!
― ¡No, no! ¡¡¡Quieto!!!
No fueron 107 detonaciones las que cerraron el último episodio del desafortunado, con seis impactos a bocajarro tuvo bastante. Cayendo fulminado aun con vaga chispa de vida, mirada perdida en el techo del local mientras mal respiraba soltando bocanadas de sangre finiquito, entre espasmos, agonizando…
―Puta mosca.―Dijo antes de abandonar este mundo, al son que se posaba en su nariz la ganadora del duelo.
®Dadelhos Pérez